Criamos caballos
felices, que nacen en un marco incomparable, donde las yeguas
y los potros viven sueltos y en continuo contacto con el hombre.
La mejor prueba de ello es que vaya a visitarnos.
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Nada más abrir la
cerca, los caballos se dirigirán hacia usted no para
que les de de comer, cosa que no hacemos, sino para pedirle
caricias y estar con alguien al que no solo no considera un
enemigo, sino un amigo.
Y si monta uno domado, podrá observar que nunca intentará
tirarle: son, como dicen en la zona, "los caballos que
no botan". |
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